Creencias y Hábitos Alimentarios Durante el Período de Embarazo y Lactancia de Mujeres de Aldeas del Departamento de Chiquimula, Guatemala, Beneficiadas por el Instituto Benson

Gudrid Mariella Jiménez estudió las creencias y hábitos alimentarios durante el período de embarazo y lactancia de las mujeres de aldeas del departamento de Chiquimula, Guatemala.

Resumen

El problema de desnutrición materna se debe a varios factores, entre los cuales se encuentra el consumo inadecuado de alimentos que está condicionado por las creencias y hábitos alimentarios de la población. Esto fue lo que motivó la realización de la investigación, con la participación de mujeres de las aldeas de Chancó, Corral de Piedra y Salitrón de San Juan Ermita, Chiquimula.

Para la recolección de datos se utilizaron las técnicas de entrevista y grupos focales. La tabulación se realizó mediante frecuencias y porcentajes. El riesgo relativo y x2 (chi cuadrada) se utilizaron para el análisis de relaciones entre creencias y hábitos con edad y escolaridad.

La población fue de 77 mujeres, de las cuales 38 proporcionaron la información relacionada con el embarazo (23 en entrevistas y 15 en sesiones de grupos focales) y 39 con la lactancia. Se encontró que durante ambos períodos existe una marcada tendencia a no variar el tipo de alimentación, ya que el patrón alimentario diario que siguen lo constituyen frijoles, tortillas, hierbas nativas, azúcar y aceite. No se comprobó desaprobación por algún alimento, aunque existe una variedad de creencias sobre alimentos buenos y malos, antojos y alimentación post-parto.

Introducción

El consumo de alimentos está condicionado por las creencias y hábitos alimentarios que la población tiene, los que pueden mantenerse, modificarse o adquirirse durante períodos como el embarazo y la lactancia.

El estudio más reciente realizado sobre las creencias y hábitos alimentarios durante el embarazo y la lactancia fue realizado por Mindes, Cogaat y el INCAP (Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá) en el año 1988, en Totonicapán y Sur del Quince. Posterior a este estudio no se habían realizado otros y ninguno de los efectuados hasta el momento cubría el área del oriente del país.

Lo anterior motivó el desarrollo de la presente investigación, con el propósito de determinar las creencias y hábitos alimentarios durante el embarazo y la lactancia de mujeres beneficiadas por el Instituto Benson. Esto permitirá identificar los lineamientos que orienten de mejor forma a cumplir con su misión de mejorar la calidad de vida de la población a la que benefician.

Revisión de Literatura

Una creencia se define como cualquier "expresión o proposición simple consciente o inconsciente, inferida de lo que una persona dice o hace en relación con los alimentos y la alimentación" (Diccionario Enciclopédico Ilustrado Sopena, 1986). Hábito alimentario se define como "conjunto de costumbres que determinan el comportamiento del hombre en relación con los alimentos y la alimentación. Incluye desde la manera como se seleccionan los alimentos hasta la forma en que los consumen o los sirven a las personas cuya alimentación está en sus manos. Los hábitos alimentarios son el producto de la interacción entre la cultura y el medioambiente, los cuales se van transmitiendo de una generación a otra" (Behar e Icaza, 1972).

Los factores que determinan las creencias y hábitos alimentarios son entre otros, culturales, económicos, sociales, geográficos, religiosos, educativos, psicológicos y los relacionados con la urbanización e industrialización (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973; Hurtado, 1990).

Factores Culturales

La cultura se define como el estilo de vida propio de un grupo de personas, casi siempre de la misma nacionalidad o procedentes de una localidad determinada. Las creencias y hábitos alimentarios son un aspecto profundamente arraigado en muchas civilizaciones. Las creencias y hábitos alimentarios de una cultura se van transmitiendo de una generación a otra por instituciones como la familia, escuela e iglesia. Las prácticas alimentarias originadas en estos diferentes grupos pueden satisfacer, en alguna medida, las necesidades biológicas básicas (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973).

Uno de los factores culturales que más orientan las creencias y hábitos alimentarios lo constituye la tradición, la cual está básicamente determinada por las experiencias que han sido beneficiosas para el grupo y que son inculcadas a los niños desde pequeños (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973).

Otro de los factores que determinan los hábitos lo constituyen los tabúes. Cierta creencia limita el uso de alimentos considerados como prohibidos. La transculturación es también un factor que determina los hábitos pues la migración de personas de un país a otro, así como la llegada de productos extranjeros a la localidad, han hecho que se adopten nuevas creencias y/o hábitos alimentarios (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973).

Factores Económicos

El alza del costo y la escasez de víveres han hecho sentir su impacto en las comunidades y los hábitos de numerosas familias a nivel mundial. La diferencia entre pobres y ricos se ha acentuado aún más, ya que para los primeros las limitaciones para adquirir comidas diferentes y de origen animal son cada día mayores. Es también importante mencionar que muchas amas de casa seleccionan los alimentos en el mercado basándose únicamente en el precio y en las preferencias culturales y familiares, sin tomar en cuenta el valor nutritivo de los mismos (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973; Hurtado, 1990).

Factores Sociales

El individuo pertenece a diversos grupos sociales, por lo cual no puede prescindirse del efecto que tenga la conducta colectiva sobre sus creencias y hábitos alimenticios. En los grupos sociales a que se está adscrito (iglesia, colegio, trabajo, club, sindicato y otros) a menudo se sirven comidas y los menús tienden a reflejar los gustos del grupo. El prestigio social es también uno de los factores sociales que determinan las creencias y hábitos alimentarios, pues existen algunos alimentos que gozan de significado social (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963).

Factores Geográficos

Las sociedades viven casi completamente de los alimentos que producen y la naturaleza de sus dietas está determinada por la calidad de la tierra, el clima, el suministro de agua, la capacidad de producción en materia de agricultura, la caza, la pesca y la ubicación geográfica. Esto se debe a que en las montañas o en el mar, cerca de los ríos y lagos, en el trópico o en zonas templadas, la tierra y el agua les ofrecen diferentes alimentos (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973).

En países como Guatemala, influye también la capacidad de almacenamiento, la preparación y el transporte de los alimentos disponibles, dada la topografía tan variada de los diferentes departamentos de la república; así como el poder adquisitivo para la importación de alimentos (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Flores et al., 1973).

Factores Religiosos

La alimentación se ve condicionada por muchas creencias religiosas. Las restricciones impuestas por la religión influyen en los hábitos alimentarios de muchos pueblos. Por ejemplo, la mayoría de hindúes no come carne de res y algunos de ellos jamás prueban alimento alguno de origen animal, excepto la leche y productos lácteos, pues su religión les prohíbe quitar la vida a un animal. Así también, la religión católica limita el consumo de carnes rojas durante el tiempo de cuaresma. Los protestantes no ingieren bebidas alcohólicas de ninguna clase. Los mormones no consumen café ni bebidas alcohólicas o con cola. A través de los siglos algunas de estas limitaciones de carácter religioso han ido privando a algunos pueblos de ciertos alimentos dando lugar a diferencias nutricionales generalizadas. Por otra parte, en muchos países las festividades religiosas contribuyen de modo importante a compensar la pobreza de la alimentación, pues para estas ocasiones se acostumbra el realizar comidas especiales (Behar e Icaza, 1972; Flores et al., 1973).

Factores Educativos

El nivel educativo ha influenciado el patrón alimentario el cual se ha observado que varía según el grado de escolaridad de las personas y familias. Así lo muestran algunos estudios realizados sobre el tema, en diferentes partes del mundo. No han sido únicamente los patrones alimentarios que cambian según la escolaridad, sino que también el horario de las comidas, los métodos de preparación, almacenamiento y otros de alguna u otra manera han variado (Flores et al., 1973).

Factores Psicológicos

Las creencias y hábitos alimentarios son parte importante de la conducta humana. Por ello es que durante los últimos años se le ha dado un mayor énfasis a la alimentación y nutrición desde el punto de vista psicológico-social. La alimentación no se reduce exclusivamente al campo puramente fisiológico sino también comprende el campo psicológicosocial (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Hurtado, 1990).

Suponiendo que el individuo haya sido motivado a través de diferentes medios para cambiar su conducta en cuanto a sus creencias y hábitos alimentarios, éstos quedarán afectados por el conocimiento adquirido. En este caso el individuo necesita información para elegir los tipos y las cantidades apropiadas de alimento. Así pues, aunque saber algo de nutrición es indispensable para realizar el cambio deseado, la información es inútil si el individuo no ha aceptado la necesidad de cambiar y no está motivado para hacerlo. De esto se deduce que los factores psicológicos son muy importantes en cualquier modificación que pretenda hacerse de las creencias y hábitos alimentarios, ya que son tantos los factores que intervienen en la adquisición de ellos, que resultaría difícil el poder cambiarlos; aunque éstos no necesariamente son estadísticos ya que cambian según evolucionan los pueblos (Behar e Icaza, 1972; Burgess y Dean, 1963; Hurtado, 1990).

Factores relacionados con urbanización e industrialización

El grado de urbanización e industrialización de una nación o de una ciudad influye directamente en la ingesta dietética de sus pobladores. En el caso de Guatemala, los pobladores del área urbana gozan de mayor surtido de alimentos que los del área rural. Esto se debe a que en la primera, la industria y el comercio ofrecen mayores oportunidades y no existen limitaciones en la dieta. Estas diferencias han desaparecido en los países industrializados donde se ha incrementado visiblemente el nivel de ingreso de las familias, lo que a su vez modifica la dieta en especial de las familias de bajo nivel socioeconómico. Los cambios de estación que en un principio producían modificaciones en la dieta han desaparecido con la ayuda de la industrialización y la tecnología. Esto es posible ya que se logra producir, almacenar y transportar toda clase de alimentos durante toda la época del año (Hurtado, 1990).

El estudio de creencias y hábitos alimentarios comprende un tipo de investigación cualitativa, en la que se utilizan técnicas especializadas para obtener respuestas a fondo acerca de lo que las personas piensan y cuales son sus sentimientos. Esto permite conocer mejor las actitudes, creencias, motivos y comportamientos de la población beneficiaria (Menchú, 1991).

Las metodologías para el estudio de creencias y hábitos alimentarios son básicamente las encuestas de consumo de alimentos, dentro de las que se incluyen entrevista, cuestionario, grupos focales y observación (Menchú, 1991).

Mariela Jiménez entrevistando a una participante.

Materiales y Métodos

La población la integraron 77 mujeres en edad reproductiva (18 a 42 años de edad), beneficiarias del Instituto Benson, de las comunidades de Chancó, Corral de Piedra y Salitrón. El estudio se llevó a cabo durante el mes de septiembre de 1996. Con 65% de las mujeres de la población (n=51) se realizaron visitas domiciliarias para entrevistarlas, el restante 35% (n=26) participó en sesiones de grupos focales.

Para la recolección de datos se utilizaron un formulario y una guía de grupos focales sobre creencias y hábitos alimentarios durante el embarazo y la lactancia. Para obtener la información contenida en el primero de ellos, la nutricionista fue la encargada de realizar la entrevista a 51 mujeres. Un 45% de los formularios (n=23) fueron llenados con información relacionada con las creencias y hábitos durante el embarazo; 55% (n=28) se llenaron con información relacionada con la lactancia. Para obtener los datos para la guía de grupos focales se invitó a las participantes a las reuniones. Un 26.42% de las que asistieron (n=11), proporcionaron información sobre embarazo y el 58% (n=15) informó sobre lactancia.

La tabulación de los datos obtenidos por medio de entrevistas se hizo mediante frecuencias y porcentajes, mientras que los obtenidos en grupos focales se tabularon en forma descriptiva. Se refirió al término de mayoría cuando más del 51% de las participantes daban las mismas respuestas.

Para determinar la relación existente entre la edad y la educación de las mujeres con sus creencias y hábitos alimentarios, se utilizaron las pruebas estadísticas de riesgo relativo y c2, cuyo valor crítico fue de 2.71, con un grado de libertad, 10% de error y un r de 0.10.

Resultados

Los resultados muestran que el grupo etáreo más numeroso fue el comprendido por aquellas mujeres entre los 31 y 40 años de edad. En relación a la educación, 53% de la población es analfabeta y sólo un 25% logra concluir con la primera mitad del nivel primario. En el Cuadro 1 se presentan los resultados de la encuesta sobre hábitos y creencias alimentarias durante el embarazo y la lactancia.

Cuadro 1. Respuestas a la entrevista sobre hábitos y
creencias alimentarias durante el embarazo y la lactancia
Pregunta
Si, %
No, %
1. Ahora que está embarazada, ¿Se alimenta igual que antes de estarlo?
26.1
73.9
2. ¿Hay algunos alimentos o comidas que le gustan más ahora que está embarazada?
65.2
34.8
3. ¿Hay algunos alimentos o comidas que no le gustan ahora que está embarazada?
39.1
60.9
4. ¿Hay algunos alimentos que le hacen mal ahora que está embarazada?
39.1
60.9
5. ¿Sabe de algunos alimentos que sea bueno comerlos durante el embarazo?
52.2
47.8
6. ¿Sabe de algunos alimentos que sea malo comerlos durante el embarazo?
4.3
95.7
7. ¿Ha sentido usted antojos durante el embarazo?
65.2
34.8
8. ¿Se le han cumplido sus antojos?
46.6
53.4
9. Inmediatamente después del parto, ¿Puede comer la madre?
100
0
10. Ahora que está lacta do, ¿Se alimenta igual que antes?
28.6
71.4
11. ¿Hay algunos alimentos o comidas que le gustan más ahora que está dando de mamar?
64.3
35.7
12. ¿Hay algunos alimentos o comidas que no le gustan ahora que está dando de mamar?
25
75
13. ¿Hay algunos alimentos que le hacen mal ahora que está dando de mamar?
21.4
78.6
14. ¿Sabe de algunos alimentos que sea bueno comerlos cuando se está dando de mamar?
82.1
17.9
15. ¿Sabe de algunos alimentos que es malo comerlos cuando se está dando de mamar?
39.3
60.7

En cuanto a la variación de la alimentación durante el embarazo como en la lactancia las mujeres no cambian su alimentación, pues tanto la calidad y la cantidad de lo que consumen sigue siendo la misma. Se constituye como parte de su patrón alimentario diario los cereales, leguminosas, hierbas, azúcar y grasas. La razón principal por la que no existe variación es la poca capacidad de compra de las familias.

Las mujeres de Corral de Piedra y Chancó, a diferencia de las de Salitrón, mencionaron mayor variedad de alimentos preferidos durante el embarazo. Algunos de los alimentos que mencionaron son la carne, huevos, quiletes (Solanum americanum), frutas, verduras, caldos, tamales, café, arroz, sardina, melcocha, cítricos y frijoles. Las razones por las cuales prefirieron estos alimentos son variadas. Algunas personas respondieron que porque son más ricas, otras porque tienen más alimento, porque les gusta lo picante o porque existe más para comer.

De las señoras que respondieron que sí hay alimentos que desaprueban durante el embarazo, mencionaron los frijoles, huevos, Incaparina, sardina, lo dulce y pan. Expresaron que no les gustan ya que les aburren, les causan náuseas, por su sabor, la Incaparina por ser caliente, o porque los aborrecen durante ese período. Aunque son pocas las mujeres que reconocen alimentos dañinos en este período, ellas nombraron la Incaparina, café, pan, lo grasoso, huevos, lo dulce y frijol. Las razones por las cuales les hace daño fueron porque les causa agruras o acidez, náuseas, o un "airecito"

De la población estudiada, el 52.2% declaró tener conocimiento y creencia de que durante el embarazo sí existen alimentos y/o comidas que es bueno comerlas. Entre ellas mencionaron verduras, quiletes, hierbas, carne, caldos, frutas, arroz, leche y huevos. El 100% los considera buenos porque poseen un alto valor nutritivo tanto para ellas como para el feto.

Las mujeres que respondieron tener conocimiento sobre alimentos que es bueno comerlos durante el embarazo mencionaron que lo sabían porque les habían contado, porque forma parte de la costumbre y hábito alimentario, porque sentían que era bueno, porque les daba sensación de saciedad y porque lo aprendieron en reuniones de tecnología apropiada. La principal fuente de información la constituyeron los padres, le sigue en menor escala el médico, las hermanas religiosas de Jocotán, cuñados, vecinos y personal del Instituto Benson.

El 95.7% de la población refirió no tener conocimiento si existen alimentos dañinos y la única persona que informó sí saberlo mencionó el coco y el aguacate. La persona no supo la razón por la que no son alimentos buenos durante el embarazo, sólo que se lo contaron los vecinos.

Más del 60% declaró haber tenido antojos durante el embarazo, en especial por alimentos como carne, tamales, chorizo y leche. Estos alimentos deben consumirse, ya que de no ser así, el niño podría nacer prematuramente o con la boca abierta.

En relación con la alimentación post-parto el 100% dijo que sí puede comer inmediatamente después de dar a luz, pero únicamente alimentos como pinol, tortilla y tortilla dorada con queso. Ellas consideran que alimentos como el caldo de gallina, pan, Incaparina, atoles, frutas, verduras y frijoles les están prohibidos; al igual que todo alimento frío ya que sólo pueden consumir comidas calientes. La alimentación normal la pueden restablecer hasta luego de los 40 días post-parto.

En cuanto a la lactancia, las mujeres de Salitrón y Chancó a diferencia de las de Corral de Piedra son quienes prefieren más alimentos y además tienen mayor variedad de alimentos preferidos. Entre estos mencionaron los quiletes, Incaparina, frutas verduras, hierba mora (Solanum americanum), queso, gallina, macarrones, café, güisquil (Sechium edule), chipilín (Crotalaria longirostrata), chatate (Cnidoscolus aconitifolius), caldos, leche, mantequilla, chile y arroz en leche. Las razones por las que tienen preferencias por estos alimentos fueron porque les alimenta, contienen vitaminas, son sabrosos, son buenos y porque son baratos.

El 75% de la población no desaprueba alimento alguno durante el período de lactancia, tal como se muestra en el Cuadro 1. Las señoras que desaprueban ciertos alimentos mencionaron la leche y lácteos, quiletes, pepino, manteca, aceite y frijoles. Las razones por las cuales rechazan estos alimentos son porque les aburren, nunca les ha gustado la leche y porque les causan náuseas.

Aunque para la mayoría no hay alimentos dañinos durante la lactancia, existe una minoría que mencionó los frijoles, aceite, manteca y comida grasosa. Las razones fueron porque les ocasiona la producción de leche agria, dolor gástrico y flatulencia.

La lista de alimentos de los cuales se conoce como buenos durante la lactancia fue bastante variada, mencionándose entre otros al chatate, caldo de gallina, verduras, hierba mora, leche, Incaparina, pinol, frutas, atoles, leche de soya, fresco de masa, huevo, caldo de frijol, macarrones, quiletes, chocolate, harina de pan, carne, jute y café. Para las señoras, éstos son buenos ya que les baja la leche, porque son alimento, tienen vitaminas y proteínas y porque les caen bien a la sangre. En su mayoría, ellas mencionaron que otras personas les contaron que estos alimentos son buenos, otras lo saben porque ellas sienten que les baja la leche o que son alimento y para otras es costumbre comerlos. Esta información la obtuvieron del personal del Instituto Benson, médicos, personas mayores, vecinas, abuelitas, compañeras, mamás, madrinas y suegras.

Dentro de los alimentos que es malo consumirlos durante la lactancia están el coco, conserva de coco, aguacate, lima, alimentos fríos y caldo de chipilín. Las razones por las que estos alimentos son malos son que hacen mal, los niños padecen de asientos, los niños "ensucian verde", los niños mueren si la madre come lima, se hace agua la leche, se diluye la leche, "una queda helada" y "se asea el estómago de uno". La procedencia de esta información viene de un caso que hubo en el pueblo, se los contaron y experiencias con niños que les da asientos cuando la madre comió aguacate. Las principales fuentes de información son mamás, la gente mayor, compañeras, vecinas y suegras.

Las mujeres lactantes también declararon que luego de los quince días se puede tomar caldo de gallina, a los dos meses cítricos y manteca, a los cinco meses se puede tomar leche y comer crema, y al año ya se puede comer aguacate. El patrón alimentario refleja que diariamente consumen frijoles, tortillas, hierbas nativas, azúcar y aceite. La leche y sus derivados, carne y frutas se consumen semanal, mensual u ocasionalmente. No se logra satisfacer las necesidades nutricionales incrementadas de la madre en estos períodos de alta vulnerabilidad.

Las relaciones de riesgo relativo y x2 establecidas entre las variables de edad con creencias y hábitos alimentarios reflejan que en general son las mujeres mayores (31-40 años) las que más modifican su alimentación durante estos períodos. Ellas prefieren más ciertos alimentos y son quienes más los desaprueban ya que algunos les resultan dañinos. También refirieron conocer más acerca de alimentos que es bueno y malo comerlos.

Las mujeres con mayor escolaridad varían un poco más su tipo de alimentación, prefieren menos ciertos alimentos y los desaprueban más que las de menor escolaridad. Ellas indican que saben de alimentos que es bueno y malo comerlos durante períodos de embarazo y lactancia.

Discusión

Los resultados muestran que las mujeres tanto durante el embarazo como en la lactancia tienden a querer consumir los alimentos de origen animal, pues tienen el conocimiento que les proporcionan vitaminas, minerales y proteínas que benefician a sus hijos. Muy pocas de ellas mencionaron que fuesen beneficiosos para ellas mismas. Los alimentos que más quisieran consumir son los que constituyen parte de su patrón alimentario semanal, mensual y en la mayoría de los casos, ocasional. Con ésto se infiere que sus necesidades nutricionales incrementadas no logran satisfacerse del todo, lo que agudiza aún más su situación de salud, precaria en general. Desde muy jóvenes se embarazan y no tienen ningún tipo de planificación familiar, razón por la que llegan a tener muchos hijos a quienes tampoco logran satisfacerles sus necesidades nutricionales.

La edad y escolaridad que determinan las creencias y hábitos alimentarios son variables. Una adecuada educación alimentario-nutricional podría mejorar significativamente la situación de estas mujeres, pues se les brindaría las armas necesarias para que dentro de sus posibilidades económicas y materiales puedan mejorar su alimentación y la de su familia.

Conclusiones

  • El 53% de la población estudiada es analfabeta. Sólo un 25.4% de la población alfabeta culmina la primaria o aprueba la segunda mitad del nivel.

  • Se constituye una creencia y hábito alimentario el comer verduras, quiletes, Incaparina y leche.

  • El comer quiletes, caldo de gallina, verduras y hierba mora es una creencia y situación alimentaria por considerarse que estos alimentos permiten una mayor producción de leche.

  • Más del 70% de las mujeres durante la lactancia declaró que alimentos como aguacate, coco, conserva de coco y limón descomponen la leche y le hacen mal al lactante.

  • Durante el embarazo y la lactancia no existe variación alguna en la alimentación de más del 75% de las mujeres. La razón principal de ello es la pobreza y falta de conocimientos nutricionales relacionados con dichos períodos.

  • La dieta diaria de mujeres embarazadas y en lactancia la constituyen principalmente los cereales, leguminosas, hierbas nativas, azúcar y grasas, siendo una dieta muy monótona que no satisface sus necesidades nutricionales incrementadas.

  • Existe una marcada tendencia durante el embarazo y la lactancia a preferir ciertos alimentos, especialmente los de origen animal. Estos alimentos no constituyen parte de su patrón alimentario diario sino quincenal, mensual u ocasional.

  • Las creencias que se tienen sobre algunos aspectos de la alimentación durante el embarazo y la lactancia provienen principalmente de personas como madre, suegra y personal del Instituto Benson.

  • La relación entre edad y variación de la alimentación durante la lactancia y el embarazo indica un débil riesgo ya que a menor edad menor variación de la dieta. No existe relación entre educación y variación de la alimentación.

  • Con relación a la alimentación post-parto el 100% de las mujeres en estudio (embarazadas y en lactancia) refirieron que pueden comer inmediatamente después. El 80% indicó que los alimentos que pueden comer son la tortilla dorada con queso seco, pinol, caldo de gallina, y que la alimentación de la madre se normaliza luego de los 40 días.

Recomendaciones

  • Educar nutricionalmente a las mujeres en edad reproductiva con respecto a la importancia de una alimentación adecuada durante el embarazo y la lactancia.

  • Elaborar una guía de alimentación con el fin de promover la maximización del uso de los recursos locales para la alimentación de la mujer embarazada y la madre lactante.

  • Concientizar a la familia sobre la importancia de la alimentación de la mujer durante el embarazo y la lactancia.

  • Informar a la mujer sobre los riesgos de embarazos durante edad precoz y tardía, tanto para la madre como para el niño.

  • Elaborar y divulgar material educativo relacionado con la alimentación durante el embarazo y la lactancia para mujeres analfabetas.

Bibliografía

Behar, M. e Icaza S. (1972). Nutrición. México: Interamericana. pp. 99-103, 121- 123.

Burgess, A. y Dean, R.F. (1963). La malnutrición y los hábitos alimentarios. USA: OPS/OMS. pp. 49-60, 74-82, 127-135.

Diccionario Enciclopédico Ilustrado Sopena. (1986). España: Editorial Ramón Sopena. V. 2.

Flores, M., Bresanni, R. y Elias, L. (1973). Factors and tactics influencing consumer food habits and patterns in: Byrnes, Francis. Potentials of field beans and food legumes in Latin América. Guatemala: INCAP. pp. 88-102.

Hurtado, E. (1990). Aspectos socio-culturales relacionados con el consumo de alimentos en INCAP. Alimentación y nutrición en Centroamérica y Panamá: Análisis y estrategias para su desarrollo. Guatemala: INCAP, pp 84-90.

Menchú, T. (1991). Guía metodológica para realizar encuestas familiares de consumo de alimentos. Guatemala: OPS/OMS/INCAP. pp. 9-11.

Autores

Gudrid Mariella Jiménez. Estudiante de la Escuela de Nutrición, Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala.

Ninfa Méndez. Licenciada en Nutrición, catedrática de la Escuela de Nutrición, Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala.

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